YouTube no está roto

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Desde hace ya algún tiempo, muchos creadores de contenidos de YouTube han puesto el foco sobre el sistema de recomendación de vídeos implantado por la “plataforma”. Un sistema que, al parecer y de un modo u otro, está afectando a sus cifras de audiencias e, indirectamente, al retorno económico que reciben por sus vídeos publicados.

Explicar qué está ocurriendo de forma detallada es algo que nos llevaría largo rato y está sobradamente descrito. Aunque muchos no lo crean, YouTube es un fenómeno ampliamente estudiado en casi todas sus facetas. Existen numerosas referencias bibliográficas de carácter científico que han definido, interpretado y descrito YouTube. El propio YouTube tiene publicaciones científicas que explican en detalle el funcionamiento de sus redes neuronales de aprendizaje profundo, que son el fundamento del sistema de recomendación (Deep Neural Network For YouTube Recommendations). Es comprensible que ante la avalancha de textos, y la dificultad para encontrar alguno de ellos fuera del ámbito académico, exista cierta incomprensión sobre los procesos internos de YouTube, así como las dinámicas internas que marcan su evolución. Pero están ahí.

Las tres «eras» de YouTube

Esta historia se resume en tres “eras”, una forma de dividir la evolución de YouTube con la que resulta más fácil comprender de donde viene y cuál es su futuro. La primera era arranca en su nacimiento (14 de febrero de 2005), cuando YouTube era una «herramienta tecnológica». Fundado por ex-trabajadores de Pay-Pal, era un campo de pruebas de nuevos codecs y sistemas de streaming, que permitía a las personas compartir contenidos en formato vídeo de una forma ágil, si tenemos en cuenta la tecnología de la época. En aquel momento no eran los únicos que trataban de desarrollar una tecnología para hacer esto, pero el caprichoso destino quiso que los usuarios eligieran YouTube como la mejor opción. En esta primera fase, YouTube se desarrolla tecnológicamente, aprende, implanta nuevas tecnologías y crece gracias a las inversiones medianas y grandes corporaciones. En el año 2006 Google compró YouTube por más de 1.600 millones de dólares.

La segunda era arranca cuando YouTube pasa de ser una “herramienta” a ser una “plataforma”. Cuando Youtube se ha consolidado en el mercado, como portal web, se produce un cambio muy destacable: algunos usuarios se dan cuenta que YouTube no solo sirve para compartir vídeos con tu familia y amigos, sino también para ofrecer contenidos originales de forma regular, crear comunidades y consolidar una audiencia. Nacen los YouTubers. Esta es una época en la que se dan muchas de las evoluciones dentro de la plataforma que acabarán conformando YouTube tal como es hoy. Se implanta el sistema de monetización, se abre la puerta a los anunciantes, y YouTube fomenta y apoya a los creadores de contenidos destacando sus vídeos dentro de la plataforma. El objetivo de esta era es consolidar YouTube como una fuente de entretenimiento, crecer, ganar usuarios activos, dar valor añadido y ofrecer contenidos de calidad que atraigan y fidelicen las audiencias. Pero todo llega a su fin.

En la última era, y en la que nos encontramos actualmente, se vive la evolución de YouTube de “plataforma” a “medio”. Es decir, la entrada de YouTube en el panorama de la industria mediática. En los últimos años Youtube se ha situado junto al resto de medios “tradicionales”. El crecimiento de YouTube, hasta convertirse en el segundo sitio web más visitado de internet, conlleva su irrupción en el panorama mediático: tiene sus propias audiencias, sus propios contenidos, su propia economía y compite con el resto de medios para captar la atención de la audiencia. Llega a facturar más que cualquier otro medio ya establecido, y está modificando los hábitos de consumo. Es en este preciso instante, en el que se produce el cambio: YouTube pasa de tener una lógica de “plataforma” a tener una lógica de “medio” y, por lo tanto, a adoptar también sus lógicas empresariales.

El cambio de lógica de YouTube

La supervivencia de un medio de comunicación siempre se ha fundamentado en el dulce equilibrio entre audiencia e ingresos publicitarios. Hay que ofrecer contenidos que atraigan las audiencias, para así poder vender los espacios publicitarios. Sin audiencia, no hay anunciantes. Definir si los contenidos que atraen a las audiencias son de calidad o no, es algo que queda a juicio del espectador, y en el caso de YouTube, este es el epicentro del problema.

Si entramos un poco más en detalle dentro de esta lógica, el reciente globo sonda lanzado por YouTube, que amenaza con eliminar los botones de “Me gusta”, cobra sentido. Durante su fase “plataforma”, YouTube ha estado usando el indicador de “like” y “dislike” para saber si un contenido era relevante. Otros indicadores, como la cantidad de subscriptores del canal, o la cantidad de comentarios, ayudaban a determinar la posición que ocuparía el vídeo en la sección de recomendaciones.

Pero el giro de timón llega cuando no importa si el contenido es de calidad, simplemente quieres que se visualicen la mayor cantidad de contenidos posible. Al igual que un medio tradicional, ahora solo importan las cifras de audiencia. A YouTube no le interesa “la calidad” del contenido, porque esto es algo subjetivo, queda a juicio del espectador. Un “like” ya no determina nada, diez mil “likes” tampoco. Ahora lo que importa es el click, ya que el impacto publicitario se encuentra al inicio del vídeo. Cuantos más clicks, más impactos publicitarios, mayores ingresos para YouTube, y mayores ingresos para el creador del contenido. Si, efectivamente, el click-bait juega un papel fundamental en esto.

El cambio que ha hecho YouTube, desde su nacimiento, es notable. Aquellos quienes han participado desde el principio tienen motivos para el enfado. Han cambiado totalmente las reglas del juego. Ahora no sirve tener millones de suscriptores, ni tener miles de “like” en un vídeo. Ahora todo viene determinado por las reproducciones, en una especie de sistema que se retroalimenta, donde un contenido basura puede llegar a obtener una gran visibilidad por el simple hecho de hacer un buen click-bait, sin importar que se trate de un fraude o de un contenido de pésima calidad. Es criticable, pero lo cierto es que la tele-basura ha obtenido altísimas cotas de audiencia en España, y programas como “Sálvame” son de lo más visto a diario. ¿A caso la audiencia de YouTube debería ser distinta? Esto ya no es un portal web desconocido, sino un lugar masivo. Es normal que decaiga el nivel de exigencia de la audiencia.

YouTube no está roto, YouTube ya no es una plataforma

Por último, sigo sin entender por qué hay creadores que se refieren a YouTube como “plataforma”. En ningún caso YouTube es un actor neutral en la difusión de los contenidos. En muy pocos momentos lo ha sido. Durante su fase “plataforma” YouTube dio a los usuarios la oportunidad de elegir lo que era relevante, pero esto se ha acabado. Actualmente YouTube ejerce de supervisor y censor, vigila los derechos de autor y está en contacto con otras industrias (sobre todo el cine y la música), a la vez que tiene poder para visibilizar o invisibilizar contenidos dependiendo de sus propios criterios. Visto desde este ángulo, no existe diferencia alguna entre YouTube y cualquier otro canal de televisión convencional, o gran corporación de medios, donde los consejos editoriales, directores de programa y editores seleccionan y filtran los contenidos que van a recibir las audiencias, a fin de obtener un beneficio a nivel de audiencias.

Aquellos quienes deseen seguir pensando en Youtube como plataforma, se equivocan. Las plataformas no intervienen en el contenido o la línea editorial de los creadores, ni se mezclan en los criterios de difusión, ni aplican algoritmos con lógicas empresariales para priorizar ciertos productos. Las plataformas son neutrales, y YouTube no es un ente neutral. Solo hace falta ver su total sometimiento a las leyes de derechos de autor, un tema en el que no vamos a entrar.

A estas alturas seguramente te habrás dado cuenta de la terrible paradoja. YouTube está dando la espalda a los creadores de contenidos (Si es que alguna vez trató con ellos abiertamente), quienes han hecho crecer su masa de espectadores y han aportado un increíble valor añadido durante su fase “plataforma”. Ahora cualquier niño haciendo click-bait obtiene más visibilidad que un contenido cultural o de entretenimiento de alta calidad. Crear contenidos de calidad exige dedicación, y es totalmente comprensible que los creadores de contenido pretendan monetizar sus vídeos y llegar a cuantas más audiencias mejor. Pero la conclusión de este proceso es una bajada de los ingresos para los canales que se han profesionalizado en la producción de contenidos para YouTube. Creadores que deciden poner punto final a sus canales, o una progresiva migración hacia otras “plataformas” menos intervencionistas, en búsqueda de nuevos métodos para monetizar. Un proceso que empobrece a YouTube, y que nadie sabe cómo acabará.


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